Según el DSM-IV-TR, los trastornos son una clasificación categorial no
excluyente, basada en criterios con rasgos definitorios. Admiten que no existe
una definición que especifique adecuadamente los límites del concepto,
careciendo de una definición operacional consistente que englobe todas las
posibilidades. Un trastorno es un patrón comportamental o psicológico de
significación clínica que, cualquiera que sea su causa, es una manifestación
individual de una disfunción comportamental, psicológica o biológica.
Esta manifestación es considerada síntoma cuando aparece asociada a un
malestar (p. ej., dolor), a una discapacidad (p. ej., deterioro en un área de
funcionamiento) o a un riesgo significativamente aumentado de morir o de sufrir
dolor, discapacidad o pérdida de libertad.
Más aún, afirman, existen pruebas de que los síntomas y el curso de un
gran número de trastornos están influidos por factores étnicos y culturales. No
olvidemos que la categoría diagnóstica es sólo el primer paso para el adecuado
plan terapéutico, el cual necesita más información que la requerida para el
diagnóstico.
Una concepción errónea muy frecuente es pensar que la clasificación de
los trastornos mentales clasifica a las personas; lo que realmente hace es
clasificar los trastornos de las personas que los padecen.







